Uso de drones en la Prevención de Riesgos Laborales: normativa en España

El uso de drones en prevención de riesgos laborales ha pasado de ser una solución puntual a convertirse en una herramienta cada vez más útil para reducir exposición a tareas peligrosas, mejorar inspecciones y obtener información técnica sin situar a las personas en zonas de especial riesgo. 

Normativa AESA para la integración en la evaluación de riesgos laborales

Cuando se habla de integrar drones en la evaluación de riesgos laborales, conviene no confundir planos normativos. AESA regula la seguridad operacional y aeronáutica de la misión: categoría de la operación, registro del operador, formación del piloto a distancia, documentación, seguro, zonas geográficas UAS y, en su caso, autorizaciones o declaraciones. La evaluación de riesgos laborales, en cambio, la exige la Ley 31/1995 y debe abordar cómo afecta ese trabajo a la seguridad y salud de las personas trabajadoras que participan o pueden verse afectadas. El INSST, en su documento técnico sobre drones, subraya precisamente esta necesidad de analizar a la vez los requisitos preventivos y los aeronáuticos. 

Esto significa que una empresa no puede limitarse a comprobar que el piloto tiene la formación exigida o que el vuelo encaja en categoría abierta o específica. También debe estudiar riesgos laborales como golpes con hélices, caídas durante el despegue o recuperación del equipo, interferencias con otros trabajos, fatiga visual, condiciones meteorológicas, proximidad a líneas eléctricas, manipulación de baterías, coordinación con terceros y riesgos derivados del propio entorno inspeccionado. El dron reduce ciertas exposiciones, pero puede introducir otras nuevas. Por eso, desde la lógica de la PRL, la integración correcta consiste en sumar ambas capas: seguridad aérea y seguridad en el trabajo. 

Además, el Real Decreto 517/2024 obliga a que los equipos de trabajo puestos a disposición de las personas trabajadoras sean adecuados para el trabajo que deba realizarse y puedan utilizarse sin comprometer su seguridad y salud. Trasladado al uso de drones, esto exige revisar no solo el aparato en sí, sino también mandos, baterías, sistemas de apoyo, software, zona de operación y procedimientos internos. Si el vuelo requiere varios trabajadores, AESA añade que el operador debe contar con procedimientos para coordinar actividades entre sus empleados y mantener una lista del personal y tareas asignadas. Ese punto es especialmente relevante en PRL, porque enlaza con la necesidad de definir responsabilidades, comunicaciones y límites operativos antes de despegar. 

Uso preventivo de los drones en materia PRL

El valor preventivo de los drones está en que permiten inspeccionar, medir, observar y documentar sin exponer directamente a una persona a una zona peligrosa. El INSST lo expresa de forma muy clara: los drones permiten que las personas trabajadoras no tengan que exponerse a riesgos como caídas de altura, inhalación o contacto con sustancias tóxicas, y pueden servir como “herramienta preventiva” para facilitar el cumplimiento de obligaciones de la LPRL. En sectores con cubiertas frágiles, estructuras elevadas, instalaciones energizadas, entornos confinados o grandes superficies, esa capacidad cambia por completo la forma de planificar una inspección. 

Ahora bien, utilizar drones con fines preventivos no significa que todo trabajo de inspección deba trasladarse al aire. La decisión debe tomarse en función del riesgo, de la calidad del dato que se necesita y de la viabilidad normativa de la operación.  

Inspección de líneas eléctricas

Uno de los usos más sólidos de los drones en PRL es la inspección de líneas eléctricas. El valor preventivo es evidente: una parte importante de la información se obtiene sin exponer directamente a los trabajadores a altura, proximidad a instalaciones eléctricas o desplazamientos por apoyos y trazados complejos. 

Desde la óptica de la PRL, esta aplicación no solo mejora la seguridad, también mejora la secuencia del trabajo. Primero se recopilan imágenes y datos a distancia; después se analiza si realmente hace falta una intervención presencial; y solo entonces se planifica el acceso físico con medios y protecciones adaptados al defecto detectado. Ese cambio reduce trabajos innecesarios y permite que las actuaciones de mantenimiento lleguen mejor preparadas. En prevención, eso significa menos exposición ciega y más intervención basada en información previa fiable. 

No obstante, las líneas eléctricas también son un ejemplo perfecto de por qué la evaluación de riesgos no puede simplificarse. Operar un dron en ese entorno obliga a valorar riesgos aeronáuticos, riesgos eléctricos, interferencias electromagnéticas, condiciones de viento, orografía, visibilidad, zonas geográficas UAS y coordinación de personal en campo. AESA y el INSST convergen aquí en una misma idea: la operación debe diseñarse para garantizar simultáneamente la seguridad aérea y la seguridad y salud de quienes participan en el trabajo. 

Inspección técnica de infraestructuras

La inspección técnica de infraestructuras es otro terreno donde los drones están ganando peso con rapidez. En entornos como puentes, presas, torres de comunicación, tuberías, embarcaderos o redes eléctricas, la inspección tradicional suele implicar andamios, plataformas, cortes de carril, accesos complicados o presencia humana en zonas de difícil acceso. 

Desde una perspectiva preventiva, esta labor tiene una consecuencia muy clara: el dron puede desplazar una parte relevante del riesgo desde la intervención directa sobre la estructura hacia una operación remota controlada. En lugar de enviar a una persona a una zona elevada o deteriorada para una primera observación, la empresa puede realizar una inspección visual o termográfica previa, detectar puntos críticos y decidir con más criterio si hay que montar medios auxiliares, cortar tráfico o intervenir sobre el activo. Esa lógica preventiva es especialmente útil en infraestructuras envejecidas, grandes superficies verticales o activos donde el acceso rutinario ya supone un riesgo significativo. 

Además, la inspección técnica con drones no se limita a “ver desde arriba”. El uso de cámaras de alta resolución, sensores térmicos, LiDAR y otros sistemas permite generar datos procesables para mantenimiento y planificación. 

En PRL, disponer de información previa mejora la planificación del trabajo posterior: permite delimitar zonas, decidir qué medios de acceso se necesitan y evitar intervenciones exploratorias más peligrosas o costosas. 

Vigilancia y seguridad en el trabajo

La vigilancia y seguridad en el trabajo parte de una idea básica: identificar de forma temprana las condiciones que pueden poner en peligro a las personas y establecer medidas de control antes de que el riesgo se materialice. En prevención, vigilar no significa solo supervisar el cumplimiento de normas, sino observar el entorno, detectar desviaciones, controlar equipos, revisar procedimientos y asegurar que las tareas se desarrollan dentro de condiciones seguras. 

El INSST sitúa precisamente la seguridad en el trabajo como una de las disciplinas esenciales de la prevención, orientada a reducir y controlar los accidentes y a mejorar progresivamente las condiciones en que se desarrolla la actividad. 

Hoy esa vigilancia es cada vez más técnica y más apoyada en datos. Ya no depende solo de inspecciones visuales o de la experiencia del mando intermedio, sino también de sistemas de monitorización, protocolos de permiso de trabajo, sensores y equipos capaces de advertir condiciones de peligro antes de que aparezca el accidente. Este enfoque es especialmente importante en trabajos con atmósferas peligrosas, zonas de difícil acceso o tareas donde el margen de reacción es muy pequeño. 

Espacios confinados y atmósferas peligrosas

Los espacios confinados siguen siendo uno de los entornos de trabajo con mayor potencial de accidente grave o mortal. El INSST los define por varios rasgos característicos: no están concebidos para ser ocupados de manera continuada, presentan dificultad de acceso o salida, suelen tener pocas aberturas y, sobre todo, pueden contener o generar atmósferas tóxicas, inflamables o con deficiencia de oxígeno. Esa combinación convierte cualquier intervención en un trabajo de alto riesgo, incluso cuando la tarea parece simple o de corta duración. 

El problema principal en estos entornos es que muchos accidentes se producen por subestimar la atmósfera interior o por actuar sin comprobar previamente las condiciones reales del recinto. La NTP 223 del INSST explica que una parte importante de los accidentes en recintos confinados tiene su origen en el desconocimiento de los riesgos, la falta de capacitación y una comunicación deficiente sobre el estado de la instalación y las condiciones seguras de trabajo. Por eso, antes de cualquier entrada, resulta esencial aplicar un permiso de trabajo, aislar energías y sustancias peligrosas, ventilar si procede y verificar instrumentalmente que la atmósfera es respirable y segura. 

Dentro de las atmósferas peligrosas, hay tres escenarios especialmente críticos: falta o exceso de oxígeno, presencia de contaminantes tóxicos y riesgo de incendio o explosión. Una atmósfera puede ser suboxigenada, tóxica o inflamable, y que incluso un recinto aparentemente vacío puede generar de forma posterior una situación peligrosa. 

Cuando además existe posibilidad de atmósfera explosiva, entra en juego el marco específico del Real Decreto 681/2003 y su guía técnica, centrados en la protección frente a explosiones en el lugar de trabajo. Esto obliga a valorar con mucho detalle sustancias presentes, residuos, vapores, operaciones de limpieza, soldadura o trasvase y posibles focos de ignición. 

La vigilancia en espacios confinados debe estar, por tanto, reforzada. No basta con medir una sola vez al inicio. En función del trabajo, puede ser necesario mantener control continuo de la atmósfera, designar recurso preventivo o vigilancia exterior, establecer sistemas de comunicación permanentes y preparar de antemano el rescate. 

Wearables EPI

Los wearables aplicados a la prevención representan una evolución interesante del equipo de protección y de los sistemas de vigilancia del trabajo. No sustituyen al EPI tradicional, pero pueden complementarlo aportando monitorización, alertas y datos en tiempo real sobre condiciones del entorno o del propio trabajador. 

En la práctica, los wearables pueden integrarse en cascos, chalecos, pulseras, cinturones o dispositivos portátiles capaces de medir variables como temperatura, esfuerzo, localización, inmovilidad, exposición ambiental o proximidad a determinadas zonas de peligro. Su utilidad es especialmente clara en trabajos aislados, entornos con calor, operaciones en espacios confinados o tareas donde una pérdida de consciencia, una caída o una exposición anómala deben detectarse con rapidez. En ese sentido, funcionan como una capa adicional de vigilancia preventiva: no reemplazan la evaluación de riesgos ni las medidas colectivas, pero sí ayudan a detectar antes una situación anormal. 

Aun así, conviene no idealizar su papel. Un wearable no resuelve por sí solo un problema preventivo mal planteado. Su eficacia depende de que esté bien seleccionado, de que los datos que genera sean útiles y de que exista un protocolo claro para actuar cuando aparece una alerta. Igual que sucede con cualquier EPI o equipo de trabajo, la clave está en integrarlo dentro del sistema preventivo y no tratarlo como una solución aislada. 

Requisitos legales para operar drones en el ámbito profesional

Durante años, el Real Decreto 1036/2017 fue la gran referencia en España para el uso civil profesional de drones. Ese real decreto dio un primer marco estable a las operaciones con aeronaves pilotadas por control remoto en un momento en que el sector todavía estaba madurando. Sin embargo, hoy el escenario es más amplio: desde el 31 de diciembre de 2020 se aplica la normativa europea de UAS a todos los drones, y en España ese marco se completa con el Real Decreto 517/2024, en vigor desde el 25 de junio de 2024, que desarrolla el régimen jurídico nacional para su utilización civil. Por eso, cuando una empresa quiere operar drones con fines profesionales, debe mirar ya al marco europeo vigente y a la normativa española actual, sin perder de vista que el RD 1036/2017 fue el punto de partida regulatorio.

  • El primer requisito es determinar en qué categoría de operación se encuadra la actividad, porque de ello dependen las exigencias posteriores. AESA distingue, dentro del marco vigente, entre categorías como abierta y específica, y cada una tiene condiciones distintas sobre riesgo, distancia a personas, entorno operativo y documentación. En categoría abierta, por ejemplo, no se necesita autorización operacional previa, pero sí cumplir límites y condiciones estrictas.
  • El segundo requisito habitual es el registro del operador. AESA exige el registro cuando se utilicen drones de 250 gramos o más, o cuando el dron lleve sensores capaces de captar datos personales, entre otros supuestos. Además, toda operación en categoría específica exige que el operador esté registrado. Ese número de operador debe figurar en los drones del explotador, por lo que no es una formalidad secundaria, sino una identificación obligatoria dentro del sistema.
  • El tercer requisito es la formación adecuada del piloto a distancia. La exigencia concreta depende de la categoría y del tipo de operación, pero la lógica es siempre la misma: la empresa no puede encomendar una operación profesional a una persona sin la capacitación exigible para ese escenario. A ello se suma la necesidad de conocer limitaciones del espacio aéreo, zonas geográficas UAS y condiciones meteorológicas, porque el cumplimiento no depende solo del aparato, sino de cómo y dónde se vuela. El propio marco nacional de 2024 consolidó reglas específicas sobre utilización del espacio aéreo y zonas geográficas.
  • El cuarto requisito es comprobar si la actividad se desarrolla en una categoría específica o en un escenario que precise declaración, evaluación operacional o autorización. En ese terreno, AESA ha venido publicando materiales y resoluciones para facilitar la adaptación al nuevo marco, incluyendo escenarios estándar nacionales para determinadas actividades ajenas a EASA en España. Esto es especialmente importante para operaciones profesionales más complejas, como vuelos en entorno poblado o situaciones que salen del patrón más simple de la categoría abierta.
  • El quinto requisito es integrar todo lo anterior con las obligaciones generales de empresa: procedimientos internos, coordinación del personal implicado, revisión del equipo y control documental. En esta circunstancia es donde la normativa aeronáutica y la prevención de riesgos laborales empiezan a tocarse de verdad. No basta con poder volar legalmente; también hay que poder hacerlo de manera segura dentro de la actividad profesional concreta.

Integración de los drones en la evaluación de riesgos

Desde el punto de vista preventivo, un dron no es solo una aeronave no tripulada: también es un equipo de trabajo que la empresa pone al servicio de una tarea concreta. Por eso, su integración en la evaluación de riesgos laborales no puede limitarse a comprobar el cumplimiento con AESA. 

Eso obliga a evaluar varios planos a la vez. Por un lado, los riesgos del propio vuelo: despegue, aterrizaje, pérdida de control, impacto, condiciones meteorológicas, cercanía a líneas eléctricas o interferencias con terceros. Por otro, los riesgos del entorno de trabajo: acceso a la zona, presencia de otros equipos, necesidad de señalización, coordinación con actividades concurrentes y manipulación de baterías o sistemas auxiliares. Y, además, hay que valorar si el dron sustituye de verdad una exposición peligrosa o solo la desplaza parcialmente. En prevención, esa diferencia importa mucho.

También conviene recordar que el Real Decreto 1215/1997 exige que los equipos de trabajo sean adecuados para la tarea y puedan utilizarse sin comprometer la seguridad y salud de las personas trabajadoras. En el caso de los drones, esto implica revisar el aparato, software, procedimientos, mantenimiento y organización de la operación. Si interviene más de una persona, debe quedar claro quién pilota, quién vigila el entorno, quién gestiona las comunicaciones y qué hacer ante una incidencia.

Cómo los drones pueden ayudar a reducir la siniestralidad laboral

El principal valor preventivo de los drones está en que permiten ver, medir e inspeccionar sin exponer físicamente a una persona a un riesgo alto desde el primer momento. Esa capacidad los convierte en una herramienta especialmente útil para trabajos de inspección previa, vigilancia de zonas difíciles y comprobación de activos antes de organizar una intervención presencial.

El uso de drones permite una primera observación visual o termográfica, localizar daños, priorizar reparaciones y planificar mejor el acceso físico posterior. La consecuencia práctica es menos trabajo exploratorio en condiciones de riesgo y más intervención basada en información previa.

Desde una perspectiva de siniestralidad, esto no significa que el dron elimine todo riesgo, pero sí que puede reducir de manera notable la exposición a tareas especialmente críticas. En sectores donde el accidente suele aparecer al inspeccionar, acceder o comprobar, esa reducción de exposición es una mejora preventiva muy relevante.

En cualquier caso, cabe recordar que el uso de drones supone un refuerzo para la seguridad, pero siempre que se observen los entornos de seguridad legales que afectan al vuelo de drones para fines relacionados con la salud y la seguridad laboral. 

¿Qué ofrece el software PRL de 6Conecta?

El software PRL de 6Conecta está planteado para hacer la gestión preventiva más ágil, integrada y menos dependiente de papeles. 6Coneca ayuda a automatizar procesos y dar acceso a la información desde cualquier momento y lugar. La idea de fondo es liberar tiempo del equipo preventivo para dedicarlo a tareas de valor, no a burocracia repetitiva.

A nivel funcional, 6Conecta favorece un entorno colaborativo y modular, mediante herramientas como la agenda automática de actividad preventiva, la gestión de riesgos, el tratamiento de accidentes e incidentes, la información y formación a empleados, los indicadores para dirección y el acceso desde dispositivos móviles para enviar informes, recibir notificaciones o firmar documentos.

Si una empresa incorpora drones a tareas de inspección, el valor de un software PRL como 6Conecta está en que permite integrar esa nueva operativa dentro del sistema preventivo global: procedimientos, evaluaciones, formación, investigación de incidentes y seguimiento de acciones. La tecnología del dron reduce la exposición en campo; la tecnología de 6Conecta ayuda a que esa mejora quede organizada, documentada y conectada con la gestión real de la prevención.

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